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Paysandú, Jueves 16 de Junio de 2016

Una cuestión de poder

Opinion | 11 Jun Desde su nacimiento, en marzo de 2009 en San Francisco, California, Uber recibió la declaración de guerra de agrupaciones de taxistas en varias ciudades del mundo, como en Montevideo. Los taxistas capitalinos afirman que la empresa de servicio online de transporte en autos privados, que arribó a Uruguay en los últimos meses --funciona a través de una aplicación y se paga con tarjeta internacional--, no se encuentra regulado por las autoridades, les “roban” fuentes de trabajo y reclaman que se prohíba. En Montevideo no paran de sucederse los eventos en que los “tacheros” arremeten contra los conductores de Uber. La protesta de la “familia del taxi”, como le gusta decir a Oscar Dourado, presidente de la Gremial Única del Taxi, tiene sus razones de ser pero también, de fondo, existe una cuestión de poder en la cual no quieren ceder ni un ápice.
El último gran episodio ocurrió a fines de mayo, cuando un chofer de Uber denunció una emboscada de taxistas en calle Daniel Fernández Crespo frente a la DGI, en la capital. El conductor de Uber dijo que le tendieron una trampa y que fue emboscado por decenas de taxistas que bloquearon el Centro de Montevideo. Una mujer solicitó el servicio de Uber y lo hizo llevar hasta ahí. Cuando llegaron al lugar, el chofer fue rodeado. Un inspector de tránsito de la Intendencia de Montevideo le retiró las chapas al vehículo, marca Faw, que el propietario compró para trabajar con la nueva aplicación.
Con una supuesta inocencia, Francisco Salanova, de la Patronal de Taxis (CPATU), relató a El País que la pasajera le pidió una boleta al chofer de Uber cuando fue a bajar. “Y ahí, no sé cómo, un taxi los vio, porque más o menos nosotros nos damos cuenta cuando son de Uber”, comenzó a explicar. “El taxista se le paró al lado y ella le dijo que tenía problemas con el chofer. Él comunicó por radio... Y bueno, acá en el Centro te podés imaginar cómo es: en diez segundos hay mil taxis. Se pidió que viniera la Intendencia para corroborar, nosotros no le hicimos absolutamente nada al coche o al chofer; fue todo lo más correcto. Se levantó un acta por parte del inspector que vino y le retiró las chapas, como corresponde. El operativo fue algo espontáneo”, continuó.
“Queremos que actúe la Intendencia, los legisladores, alguien. Por un lado a ti te cobran IRPF, todos tenemos que aportar más. Y por el otro, no hacemos nada y dejamos que sigan trabajando sin pagar nada. En otros lados capaz que hasta prendían fuego la DGI, si viene al caso”, aseguró el dirigente de la CPATU. Añadió que no descartan que los taxistas vuelvan a usar este método para detener una competencia que consideran desleal.
Entre protestas y anuncios de medidas por parte de los taxistas, en abril se había registrado otro hecho grave que involucró a las dos partes. Un taxista terminó procesado sin prisión por un delito de “justicia por mano propia” tras perseguir y bloquear, junto a otros compañeros, el paso a un auto de Uber en el barrio Carrasco de Montevideo.
No pasa solo por un asunto de regularizar el servicio de Uber. Para los taxistas no debería existir. Reclaman su prohibición. Esto, más allá de que los viajes de Uber representen un mínimo porcentaje frente a los taxis. La calle pertenece a los taxis. Ese es el mensaje. “Queremos que se prohíba Uber”, dijo Dourado en un entrevista en radio El Espectador. La regulación no es una opción: “no buscamos que se regule algo que ya está regulado”. Agregó que los trabajadores de Uber se pueden convertir en distribuidores de drogas. Por otra parte, se desligó de las manifestaciones violentas de algunos taxistas y dijo que, en general, las movilizaciones han sido con “mucha tranquilidad”, en acatamiento con el gobierno y la Intendencia de Montevideo. “La violencia surge cuando la gente siente que pierde su trabajo. Hay un grupo de taxistas que son violentos”, subrayó.
Una cosa es un Uber más regularizado y cumplidor de los reglamentos. Está bien. Otra cuestión es que esta aplicación ha dejado en evidencia a los taxistas. Y esto, quizá, les molesta aun más que lo otro. En evidencia en cuanto a esa torta de poder que el taxi no quiere perder en el asfalto montevideano y también en la calidad de servicio que brinda uno y otro.
Dourado es un empresario que cuenta con una decena de taxis, es presidente de una compañía de seguros, presidente de la cooperativa de ahorro y crédito Caycut Taxi, presidente de la Gremial Única del Taxi, presidente de la Federación Uruguaya del Taxi y presidente del Centro de Propietarios de Automóviles del Taxímetro del Uruguay. Lo han tildado de Paco Casal del taxi.
Su servicio, en tanto, deja que desear y es constante queja de los que utilizan taxis en Montevideo: la mampara --un peligro para el pasajero ante cualquier choque--, taxistas que fuman sin importarle a quien lleven, malhumor de los trabajadores, agresividad en el trato, manejo temerario, vehículos destrozados. Uber, en cambio, destaca por la amabilidad, en la limpieza de los autos, en la comodidad del coche, en saber cuánto costará el servicio. Además, se realiza a través de una aplicación lo que permite rastrear los movimientos del coche solicitado y se paga con tarjeta de crédito, sin efectivo, algo que el sindicato del taxi no quería aceptar.
La tecnología y las apps como Uber proseguirán su camino ascendente en la sociedad. Es más, Uruguay se encuentra en el radar de otra aplicación, que llegaría para competirle a Uber. La plataforma española para contratar vehículos con conductor, Cabify, se encuentra disponible en México, Perú, Colombia y Chile, y mira con cariño instalarse en Montevideo. ¿Tendremos carteles levantados por los taxistas de “Fuera Cabify”?


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