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Paysandú, Jueves 01 de Junio de 2017

Clara visión de la educación uruguaya

Opinion | 31 May El Instituto Nacional de Evaluación Educativa (Ineed) se creó a finales de 2012, a través de la Ley General de Educación, con el objetivo de “aportar información que contribuya a garantizar el derecho de los educandos a recibir una educación de calidad, así como sus aprendizajes”. Además, la iniciativa le otorga la potestad de “dar a conocer el grado de cumplimiento de los objetivos y metas establecidos por los diferentes organismos educativos” que aporten a la ANEP los criterios y modalidades para mejorar los procesos de evaluación. Es, por lo tanto, una institución reconocida por el Estado y encargada de una evaluación de los resultados de la educación en Uruguay.
Precisamente esa labor lleva adelante desde hace siete años, con estudios pormenorizados de cada subsistema que cualquier ciudadano puede consultar a través de la web. Allí se encuentra el último “Informe sobre el estado de la educación en Uruguay 2015-2016” y una diversidad de publicaciones en las que el instituto investiga desde la evolución del salario docente y su posición en el contexto regional, hasta las brechas “anunciadas” en torno a la educación media uruguaya.
El documento plantea, por ejemplo, “importantes inequidades” en los egresos en la educación obligatoria, que traspasan los perfiles socioeconómicos de los estudiantes y sus familias, en tanto oscila entre 15% correspondiente al quintil de ingresos más bajos y el 71% de los más altos, al tiempo que un 29% de los jóvenes de 22 años con mayores recursos no logró finalizar a esa edad.
Desde 1980 la tasa de egreso crece lentamente, pero el abandono persiste en el 56% de esa franja etaria. Es decir que permanece prácticamente incambiada en los últimos años con una tasa de egreso del 31% a los 19 años y del 40% a los 24 años. Sin embargo, más allá de las cifras de egreso, los cuestionamientos se basan en los aprendizajes obtenidos y se comprueba que no adquirieron las competencias básicas, constatadas por bajos rendimientos que se arrastran desde Primaria. El documento es claro: “un 40% de los estudiantes de 15 años no alcanza los logros mínimos en lectura y ciencias, mientras que un 52% no los logra en matemática”. No obstante, reconoce que la repetición no arrojó resultados positivos ni aportó a la suficiencia de los aprendizajes y remarca las carencias existentes a todos los niveles.
El Informe analiza la cantidad insuficiente de maestros y profesores “titulados” para cubrir la enseñanza primaria y media y un aspecto no menor que se nota en el aula mientras imparten sus clases: “los docentes declaran haber recibido una formación centrada en los contenidos a enseñar y en su didáctica, que no los habría preparado adecuadamente para las complejas realidades que enfrentan en las aulas”. Por lo tanto, confirma que tampoco se aplicaron políticas transformadoras en la educación que permitieran cambiar esa realidad en casi 40 años; ni para el docente que egresa de una carrera ni para los estudiantes provenientes de las diferentes clases sociales.
Y mucho antes que Juan Pedro Mir, el ex- director nacional de Educación cesado por la ministra de Educación, María Julia Muñoz, tras afirmar que el cambio de ADN es una meta “inalcanzable”, estaban –y están-- los datos de una realidad que pasa por encima de las diatribas y las visiones que se presentan más realistas que el propio rey.
Es así que el Ineed demuestra que las cifras de egreso y promoción de la universalización de las diferentes modalidades (100% hasta 17 años en el sistema educativo y 75% de educación media), comprometidas por el presidente Tabaré Vázquez al finalizar su período de gobierno en 2020, no se cumplirán ni por asomo.
Por ejemplo, en el último caso, la tasa de crecimiento anual de egreso entre 21 y 23 años es 0%, por lo tanto en 2020 permanecerá anclado en 39%. Muy alejado del 75% planteado por el mandatario.
Las conclusiones son acordes al análisis presentado y si bien reconoce las metas planteadas para mejorar los indicadores, “aún se encuentra lejos de llegar a cumplir el mandato legal de universalizar 14 años de escolaridad” y “mientras no reduzca las fuertes y persistentes desigualdades, será difícil que logre hacerlo”. En la misma web se encuentra el “Mirador Educativo”, definido como un portal que brinda información basada en los resultados del sistema, con una priorización de los indicadores sobre alumnos y recursos.
En esta fase sus conclusiones son aún más lapidarias: solo tres de cada diez estudiantes egresa del bachillerato en edad oportuna (18 o 19 años), con una diferencia de 50 puntos entre el quintil 1 y el quintil 5 (32,6% y 80,8% respectivamente), o sea comparativamente en los sectores más pobres y más ricos de la población.
En tales casos, se observa un alto nivel de repetición (27%), al tiempo que cuatro estudiantes de cada diez en el Ciclo Básico tiene extraedad y una fuerte tendencia a desvincularse del sistema.
Estos resultados no difieren demasiado del Anuario del Ministerio de Educación y Cultura, que señala que tres de cada diez alumnos de bachillerato no promovieron el año, o las conclusiones –luego de cuatro años de investigación-- de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que encontró una escasa valoración de la profesión docente, desgobierno en la educación, falta de liderazgos y poca autonomía de los centros educativos. Sin mencionar siquiera a las Pruebas PISA, que tanta irritabilidad provocan en algunos actores parlamentarios y del Poder Ejecutivo.
Y esta realidad nacional no dista demasiado del análisis local que una vez más reiteramos desde esta página, cuando la Mesa Interinstitucional de Políticas Sociales planteaba los guarismos departamentales, a comienzos de 2014.
Al menos 9.000 jóvenes se desvincularon del sistema educativo o tenían únicamente educación Primaria y un 40% del total de la población sanducera llega solo al nivel escolar. En la población entre 15 y 69 años hay un promedio educativo de 7,9 años y eso significa menos de dos años de Ciclo Básico. Además marca la pauta del perfil del capital humano que tiene el departamento y el país cuando esa población salga a buscar un trabajo y se encuentre con bajo nivel de calificación, por lo tanto, deberá tomar un empleo zafral o con poca remuneración. Por tanto, existe un nuevo desafío ante este escenario dificultoso para los planteos de avanzadas tecnologías que se presentan a nivel global. Paralelamente, se constata un entorpecimiento aún mayor ante una visión miope que desestima los resultados del Ineed, curiosamente un órgano que conforma la institucionalidad del gobierno.
Es que, como en tantos otros asuntos, la realidad se encuentra trabada entre los enfoques políticamente correctos que continuamente minimizan esos resultados y las acciones que demoraron en adoptarse, mientras pasan las generaciones que son realmente perjudicadas.


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